De Medellín al Mundo Felino: La Historia del Fundador de Gatitud
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Hay marcas que nacen de una idea de negocio, y marcas que nacen de una historia de amor. Gatitud pertenece, sin duda alguna, a la segunda categoría. El fundador de esta empresa colombiana no empezó diseñando productos para el mercado: empezó observando a su gato arañar el sofá y preguntándose si había algo mejor que ofrecerle.
Los primeros arañazos: el origen de todo
Medellín, 2014. En un apartamento del barrio Laureles, un diseñador industrial recién graduado miraba con resignación los surcos que su gato Tostado había dejado en el esquinero del sofá. No era la primera vez. Tampoco sería la última.
Lo que la mayoría de dueños de gatos ve como un problema, él lo vio como una pregunta de diseño: ¿por qué los rascadores disponibles en el mercado colombiano eran tan feos, tan frágiles, tan poco pensados para el espacio del hogar moderno? ¿Por qué obligaban a elegir entre el bienestar del gato y la estética del apartamento?
"Los rascadores que encontraba en las tiendas parecían diseñados sin entender ni al gato ni al humano. Eran objetos que avergonzaban, que se escondían en esquinas. Yo quería hacer algo que el gato amara y que tú no quisieras esconder."
— Fundador de GatitudCon ese pensamiento como punto de partida, y armado con su formación en diseño, sus conocimientos de materiales y una dosis generosa de ilusión felina, comenzó a experimentar. Primero en la sala de su apartamento. Luego en un pequeño taller que compartía con otros emprendedores creativos de Medellín.
El material que lo cambió todo: el cartón corrugado
La elección del cartón corrugado como material principal no fue accidental. Fue el resultado de semanas de pruebas, de observar a Tostado y a otros gatos, de leer sobre comportamiento felino y de pensar en sostenibilidad mucho antes de que fuera una tendencia de marketing.
El cartón corrugado tiene una textura que los gatos adoran de manera instintiva: sus garras se enganchan en las fibras de papel, el sonido del arañazo es satisfactorio, y la resistencia del material es justa: suficiente para aguantar, pero cede lo necesario para que el gato sienta que está "haciendo algo". Es, en esencia, el material perfecto para la función que cumple.
¿Por qué el cartón corrugado?
El cartón corrugado industrial que usa Gatitud cumple tres condiciones que el fundador consideró no negociables desde el inicio:
★ Funcionalidad felina superior: textura y resistencia óptimas para el arañado natural del gato.
★ Sostenibilidad real: material reciclable, de fácil disposición, sin plásticos ni químicos tóxicos.
★ Economía circular local: abastecido de proveedores colombianos, generando empleo en la cadena local.
De prototipo a marca: la construcción de Gatitud
Los primeros prototipos fueron imperfectos, como suelen ser todos los principios honestos. Demasiado pequeños, o con proporciones que los gatos ignoraban. Demasiado pesados para desplazar, o con uniones que cedían a los pocos días de uso intenso. Cada fracaso, sin embargo, generaba información invaluable sobre qué quería realmente un gato en un rascador.
El proceso de diseño de Gatitud nunca ha sido solo de papel y lápiz. Es un proceso que involucra a los propios gatos como co-diseñadores involuntarios: observar qué posiciones prefieren para rascar, qué alturas son más cómodas, qué ángulos generan mayor satisfacción. Esta metodología, que hoy suena obvia, fue revolucionaria en el mercado local cuando Gatitud la implementó sistemáticamente.
Los números de una pasión
Un emprendedor con visión de diseñador
Lo que distingue al fundador de Gatitud de otros emprendedores del sector es su insistencia en tratar los productos para mascotas con la misma seriedad que se le da al diseño de interiores o al diseño industrial aplicado a personas. "Los gatos merecen objetos bien diseñados", repite. "Y sus dueños merecen que esos objetos también sean hermosos."
Esta doble exigencia, de funcionalidad felina y de estética para el hogar humano, es el ADN de todo lo que Gatitud produce. No es casualidad: viene directamente de quien fundó la empresa, de su formación, de sus valores y de su historia personal con los gatos.
Hoy, más de diez años después de aquel primer arañazo de Tostado en el sofá de Laureles, Gatitud sigue siendo una empresa dirigida desde Medellín, orgullosamente colombiana, con el mismo propósito fundacional: hacer productos que los gatos amen y que sus humanos quieran mostrar, no esconder.
"Emprender es, básicamente, insistir en que algo que te importa puede importarle también a muchos otros. Con Gatitud, eso fue literalmente así. Resulta que a miles de familias colombianas les importaba tanto como a mí."
— Fundador de Gatitud